No importaba el momento del día o lo que yo estuviese haciendo. Pero tenía que ir a buscarla. El miedo se apoderaba de ella, quedaba paralizada y anulada. Me llamaba por teléfono y me decía con voz aterrada "¡Ven a buscarme!". Y durante unos meses, esa fue una rutina más o menos frecuente.
Muchas veces la encontraba parada o sentada en una esquina llorando y la tenía que abrazar y consolar. Darle mucho cariño. Y tenía que dejar todo de lado, para estar con ella.
Seguramente, si están leyendo esto, se preguntarán la razón de ese miedo. No revelaré eso. Pero si diré que fue algo con lo que yo tuve que lidiar también. La apoyé totalmente para que saliera adelante. Y lo hizo.
Muchas veces la encontraba parada o sentada en una esquina llorando y la tenía que abrazar y consolar. Darle mucho cariño. Y tenía que dejar todo de lado, para estar con ella.
Seguramente, si están leyendo esto, se preguntarán la razón de ese miedo. No revelaré eso. Pero si diré que fue algo con lo que yo tuve que lidiar también. La apoyé totalmente para que saliera adelante. Y lo hizo.
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