sábado, 22 de agosto de 2015

LA FLOR MÁS DELICADA DEL JARDÍN

"El principito no pudo contener su admiración:
—¡Qué hermosa eres!
—¿Verdad? —respondió dulcemente la flor—. He nacido al mismo tiempo que el sol. El principito adivinó exactamente que ella no era muy modesta ciertamente, pero ¡era tan conmovedora!
—Me parece que ya es hora de desayunar — añadió la flor —; si tuvieras la bondad de pensar un poco en mí...
Y el principito, muy confuso, habiendo ido a buscar una regadera la roció abundantemente con agua fresca.
Y así, ella lo había atormentado con su vanidad un poco sombría. Un día, por ejemplo, hablando de sus cuatro espinas, dijo al principito:
—¡Ya pueden venir los tigres, con sus garras!
—No hay tigres en mi planeta —observó el principito— y, además, los tigres no comen hierba.
—Yo nos soy una hierba —respondió dulcemente la flor.
—Perdóname...
—No temo a los tigres, pero tengo miedo a las corrientes de aire. ¿No tendrás un biombo?
"Miedo a las corrientes de aire no es una suerte para una planta —pensó el principito—. Esta flor es demasiado complicada…"
—Por la noche me cubrirás con un fanal… hace mucho frío en tu tierra. No se está muy a gusto; allá de donde yo vengo…
La flor se interrumpió; había llegado allí en forma de semilla y no era posible que conociera otros mundos. Humillada por haberse dejado sorprender inventando una mentira tan ingenua, tosió dos o tres veces para atraerse la simpatía del principito.
—¿Y el biombo?
—Iba a buscarlo, pero como no dejabas de hablarme…
Insistió en su tos para darle al menos remordimientos.
De esta manera el principito, a pesar de la buena voluntad de su amor, había llegado a dudar de ella. Había tomado en serio palabras sin importancia y se sentía desgraciado.
"Yo no debía hacerle caso —me confesó un día el principito— nunca hay que hacer caso a las  flores, basta con mirarlas y olerlas. Mi flor embalsamaba el planeta, pero yo no sabía gozar con eso…
Aquella historia de garra y tigres que tanto me molestó, hubiera debido enternecerme".
Y me contó todavía:
“¡No supe comprender nada entonces! Debí juzgarla por sus actos y no por sus palabras. ¡La flor perfumaba e iluminaba mi vida y jamás debí huir de allí! ¡No supe adivinar la ternura que ocultaban sus pobres astucias! ¡Son tan contradictorias las flores! Pero yo era demasiado joven para saber amarla"."
El Principito, Antoine de Saint-Exupéry

Siempre le dije que era como la flor más delicada del jardín. Quizás por lo de "semilla". Pero en realidad, pensaba en eso porque ella necesita un cuidado especial, efectivamente como una flor muy delicada. Ella me lo advirtió, que requería una atención especial. Y yo fui porfiado, porque de verdad ella me gustaba y no me importó equivocarme, sólo quería hacerla feliz.

Y yo la imaginaba así, como esta flor, pues si dejabas pasar mucho tiempo sin darle agua, se podía poner triste. O si le dabas mucha agua, se podía ahogar. O si la dejabas al sol, se podía secar. O si no le llegaba luz solar, se podía marchitar. Había que preocuparse de ella, darle ese cariño especial que requería, pues ella es especial y única. Lo es para mí. La miraba, me encantaba y trataba de alimentarla con mi cariño, le quería dar mi protección y amor, con todas mis imperfecciones y falencias, pero de verdad era algo genuino, profundo y de corazón. A veces no entendía muchas cosas de esta flor, y metía la pata, y yo terminaba sufriendo por eso.

Por un tiempo, nuestros caminos se encontraron y cuide de esta flor tan delicada, sé que logré hacerla feliz. Espero que recuerde esos momentos. Pero en definitiva, no supe darle la atención especial que requería esta flor. Y ya no pude sacarle más sonrisas. Puedo culpar a las distancias fácilmente, pero me culpo a mi. Obviamente no fui "demasiado joven" como el Principito, pero si fui muy inmaduro. Y asumo mi culpa.

Sin duda es la flor más bella y delicada del jardín. Y es un espíritu libre que merece amar y ser amado. Siempre será para mi esta flor delicada, que merece todo el amor del mundo.

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