miércoles, 9 de diciembre de 2015

PERO SI ELLA ES GLORIA

"Estoy aprendiendo el arte de perder a diario" Still Alice

Hoy me enteré a mediodía, al regresar a mi casa, que mi abuelita Pilar había golpeado a mi tata... le había pegado su combo. No creo que haya sido un gran combo en la cara, pues no tiene la fuerza para hacer eso, pero de todas maneras fue un acto violento. Me molestó mucho... me dio rabia. ¿Cómo podía pegarle a mi tata? Partí a hablar con ella, entré a su casa y estaba "ordenando" unas cosas. "¿Qué pasó con su promesa de ayer? ¿Por qué le pegó a mi tata?" le dije, con voz fuerte y de enojado. "¡Pregúntale a él!" y indicó a mi abuelo. Él no dijo nada. Pero ella arremetió, entre lágrimas "Me dijo 'puta maraca' ".... ¡NO ES CIERTO! exclamó mi abuelo desde el otro lado del comedor. Y ahí se pusieron a discutir. Honestamente, a mi abuela sólo le creo que el 10% a estas alturas, así que es probable que no le haya dicho eso, pero si que estuvieron discutiendo y eso derivó en el golpe. Le dije que no puede pegarle a mi tata, que acaso esa es la enseñanza que me va a dejar a mi y todos sus otros nietos, pegarle a la gente, cosas así, para que reaccionara un poco. Vi que unas lágrimas caían por sus ojos... Después de un momento me calme un poco, logré que me prometiera otra vez que no lo volvería hacer... Y volví a decirme a mi mismo "estas hablando con una enferma de alzheimer".


Le cambié el tema y le pregunté... "¿Y qué hay de almuerzo?". "Carbonada que está en una olla puesta", dijo ella. "Arroz" dijo él. Fui a la cocina y no había ninguna "olla puesta", pero si un pocillo con arroz. "¿Quieres almorzar aquí?" me preguntó mi abuelita. Ni se me había ocurrido, pero le dije que si, pero tenía que ser luego, pues me tenía que ir a trabajar pronto... de inmediato ella se paró del asiento y comenzó a preparar la comida. Le dije que volvería en unos minutos más, pues tenía que ir a mi casa y que me llamará por teléfono.

Al regresar, vi mi plato servido. Debo reconocer que ese arroz y esos choricillos que estaban arriba se veían exquisitos. Probé el arroz y estaba congelado. ¡No lo había calentado! Y mi abuelo dijo con dulzura, como protegiéndola o justificando su error: "es que en el microonda, por la orilla no se calienta el plato". Ese plato no estaba frío, estaba congelado. Metí al microonda todos los platos y cocí algunos choricillos nuevamente, pues les faltaba.

Me senté a comer nuevamente con ellos y la verdad, es que fue un buen momento, verlos a los dos ahí, comiendo conmigo. Nos pusimos a reír un rato, y comentamos lo rico que estaba la comida. Yo terminé antes, así que se me ocurrió mostrarle unas fotos de unas primas que fueron a Nueva York hace pocos días atrás. En la primera foto que le muestro, aparecen mis dos primas abrazadas... y mi abuelita dice "Pero si ella es la Gloria". Respondí de manera muy seca que no era ella, sino que mi prima Ana María. Pero por dentro quedé helado, pues ella ya había olvidado que mi tía había fallecido el 2011. ¿Tenía acaso que decirle, contarle, explicarle nuevamente que su hija había muerto? ¿Otra vez tenía que sufrir la muerte de su hija? No le dije nada obviamente. No pude decir nada más, sólo me remití a seguir mostrando las fotos. Al pararme de la mesa y despedirme de ellos, comencé a sonreír por haber pasado ese buen momento con ellos. Pero también me caían lágrimas de pena. No se si se dieron cuenta.

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